¿Vuele el electroshock en Brasil?

En un país lleno de polémica a propósito de la decisión del Gobierno de la Ciudad de implementa pistolas Taser en el subte, ahora el Ministerio de Salud considera la posibilidad de utilizar electroshock para tratar enfermos psiquiátricos.

El informe de cambios en la Política Nacional de Salud Mental y en la Política Nacional sobre Drogas del Gobierno de Jair Bolsonaro indica aceptar las terapias con internaciones en manicomios y hasta para menores de edad.

El Ministerio de Salud de Brasil y sus coordinaciones de políticas sobre salud mental señala en este documento que es pertinente utilizar los recursos del estados para la adquisición de equipos de electroshock o electrochoque.

Antiguamente, esta práctica fue utilizada como un instrumento de represión de poder sobre el paciente y no como una terapia como tal.

El actual diputado federal y antiguo ministro de Salud durante el Gobierno de Dilma, Alejandro Padilha hizo énfasis en este hecho indicando que este instrumento era utilizado para reprimir, controlar y reducir a los pacientes en las instituciones psiquiátricas.

“Si esta técnica se aplica en un paciente de una manera no controlada, carente de conocimiento y sin el soporte técnico necesario puede impactar de forma negativa el estado físico de la persona” señaló alarmado.

El informe hace énfasis en el estímulo financiero para volver a abrir manicomios y hospitales psiquiátricos aislados.

Algunos comentarios en contra del uso del electroshock

Por su parte, Padilha rechaza abiertamente esta iniciativa y las repudia basándose en dos puntos relevantes.

Primero, porque las instituciones psiquiátricas aisladas la mayoría de las veces no cuentan con un soporte clínico optimo para tratar diversos problemas de salud que van más allá de las enfermedades mentales.

Y en segundo lugar hizo hincapié en la diferencia entre los tratamientos en situación de internación y en los que se pueden realizar e un ambiente comunitario teniendo contacto con la sociedad y familiares.

Desde 1990 y con base e la reforma de salud psiquiátrica aplicada en ese entonces, Brasil permitió profundizar acerca de la estrategia de la atención psicosocial que promueve la inclusión de los enfermos psiquiátricos a la sociedad en compañía de profesionales y familiares.

La propuesta actual del electroshock llevarían a retroceder en cuanto a estas políticas y en los recursos invertidos en la Red Nacional de Atención Psicosocial.

En pocas palabras, se busca pasar de la libertad e inclusión de pacientes diagnosticados en la sociedad bajo supervisión hacia la inversión económica de hospitalización e internación de los mismos.

Otras consideraciones

El coordinador general de Salud Mental, Alcohol y Otras Drogas del Ministerio de Salud, Quirino Cordeiro, se encargó de firmar el documento.

En este también se crítica el cierre de camas psiquiátricas y señala el tratamiento de adictos en instituciones psiquiátricas.

Otro punto negativo que señala Padilha es la costosa inversión que implican este tipo de terapias como la electroconvulsiva.

Una inversión de este tipo en el sector público de la salud reduciría el aprovechamiento del presupuesto máximo para invertir en otras necesidades del sector.

Esta noticia también ha despertado al preocupación de la comunidad LGTBIQ ya que para 1990 el electroshock se consideraba un “tratamiento gay”.

Sin embargo, con la evolución de la sociedad son solo los pequeños grupos conservadores quienes piensan que la orientación sexual tiene que ver con un problema mental.

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